ADAPTACIÓN E INTEGRACIÓN

Ahora, más que nunca, el verbo adaptación está cogiendo mucha fuerza. Adaptarse, reinventarse, redescubrirse para poder generar otras maneras de trabajar o de conciliar que nos permitan transitar por la situación de la mejor manera posible.

Pero me pregunto si realmente es suficiente con adaptarse.

Nuestros pequeños y pequeñas llevan más de cincuenta días en casa. Y todo el mundo destaca como lo llevan de bien la gran mayoría y como se han adaptado a la situación. “Los niños y niñas se adaptan a todo”, “les cuesta menos a ellos/as que a nosotros/as” o “es increíble la capacidad de adaptación que tienen” son frases que hemos escuchado bastante últimamente.

Las niñas y los niños se adaptan a las diferentes situaciones porque tienen una capacidad mucho más importante y que los adultos hemos ido perdiendo a medida que hemos crecido: viven en el momento presente. No miran hacia delante ni hacia atrás, viven en el aquí y ahora y por esto son capaces de adaptarse a la situación en la que se encuentran. Pero adaptarse no significa integrar. Y creo que es aquí donde debemos centrarnos.

Desconocemos las consecuencias que tendrá este confinamiento a nivel emocional para nuestros hijos e hijas. Cuando hablamos de emociones, siempre hablamos de como una misma emoción puede ser adaptativa o desadaptativa. O sea, el miedo tiene una parte buena o adaptativa en el sentido que te permite analizar la situación y te hace estar alerta para que seas consciente de los peligros y tirar para adelante con responsabilidad. Esto sería totalmente adaptativo. Pero el miedo también tiene una parte desadaptativa ya que si se apodera de nosotros/as hasta el punto de no permitirnos continuar por el camino que queremos, nos bloquea. Por lo tanto, no nos permite adaptarnos a la situación.

Sé que hay muchos niños y niñas que cuando llegó el primer día de salidas autorizadas dijeron que no querían salir. Es normal que tengan miedo delante de la nueva situación, que estén desconcertados y que no entiendan qué pasa. Nosotros, como referentes, les podemos ayudar a gestionar este miedo para que lo validen y pueda ser adaptativo. Pero, después, será necesario integrar este conocimiento. Y esta integración muchas veces es inconsciente. Aún así, es totalmente necesario permitirse un tiempo para integrar lo que aprendemos, no les forcemos.

Para poner un ejemplo fácil: mi hijo pequeño se rompió la muñeca cuando tenía 14 meses. Todavía no andaba, justo empezaba a poner las manos para levantarse del suelo solo. Lo enyesaron y se tuvo que adaptar a la situación. Lo hizo rápidamente y a las pocas horas de enyesarle la muñeca ya gateaba otra vez. Lo hacía como un orangután, apoyando el puño en el suelo y por lo tanto, no pudo seguir practicando el ponerse en pie apoyando las manos en el suelo. Pero gateaba, se adaptó a la situación presente y salió airoso de ella. Ahora tiene 18 meses y todavía no anda solo. Lo hará pronto porque no tiene problemas psicomotrices pero no pudo integrar el movimiento de levantarse del suelo solo de manera natural y cogió miedo a caerse aún habiéndose adaptado a la situación. Por lo tanto, necesita tiempo y sentirse acompañado para superar el miedo y para que su cuerpo integre el aprendizaje.

Probablemente, esto mismo les pasará a muchos de nuestros hijos e hijas con el confinamiento. Necesitarán apoyo y tiempo para integrar que han vivido una situación muy diferente a la vida que tenían antes del coronavirus. Antes de estarse en casa sin salir ni un minuto durante 40 días, iban a la escuela, se relacionaban con amigos y amigas, iban al parque, jugaban donde querían y sus familiares no sufrían por si se pondrían enfermos, eran libres. Los adolescentes han seguido en contacto con las amistades gracias a las redes sociales pero los más pequeños han perdido el contacto con gran parte de niños e niñas que veían cada día en la escuela.

Estos días, saliendo con mis hijos, nos hemos encontrado otros niños y niñas conocidos. Todos han reaccionado de manera distinta cuando se han visto. Algunos no han querido acercarse, al contrario, se han apartado más. Algunos han querido abrazarse y no han podido. Algunos han salido a la calle y al encontrarse con gente, han pedido volver a casa y algunos han disfrutado muchísimo del aire libre. Como siempre, cada uno reacciona según su manera de entender la vida.

Por lo tanto, paciencia y mucho acompañamiento en todo momento en todo lo que puedan ir sintiendo, la mejor manera de propiciar la integración de los aprendizajes es estando y garantizando que se sientan queridos/as y en un entorno de confianza.

Laura Bernà