BURNOUT

O mejor dicho “no puedo más, estoy quemada, angustiada, nerviosa, con ansiedad constantemente, sin ganas de nada y no me reconozco”.

Hoy, en cuestión de una hora me he encontrado con dos madres angustiadas. Una que tiene un hijo de dos meses y una que tiene mellizos. La primera se sentía angustiada porque la relación de pareja había cambiado, porque el niño es mucho más demandante de lo que se pensaba, porque la maternidad soñada poco tiene que ver con la realidad. Las noches son duras, la demanda constante del bebé agotadora, la tensión entre la pareja aumenta porque todo el mundo va cansado y el entorno le dice que esto es normal, que ya se le pasará. Pero ella necesita comprensión, necesita que le digan que lo está haciendo bien, que claro que es normal pero que lo está haciendo genial.

La otra se sentía angustiada porque la bimaternidad la supera en ciertos momentos. Porque la carga emocional que supone tener dos hijos a la vez y conciliar con la vida profesional no es fácil. Porque no llegamos a todo y porque nadie nos ha preparado antes de ser madres para serlo. El instinto de madre te guía y te enseña fácilmente el camino.. Pero si el instinto queda tapado por el entorno, la autoexigencia, el miedo, la inseguridad, la autocrítica o la sociedad que pide que vuelvas a estar activa y productiva como antes, entre otras cosas, es muy difícil sostener ciertas situaciones. Volver a estar productiva, para una madre, significa hacer un doble esfuerzo: trabajar más que antes para demostrar que sigues siendo la misma trabajadora y esconder el instinto y la necesidad de estar con tus hijos/as. Esconder este instinto, ya sea por el trabajo, por el entorno o por no parar de escuchar las propias demandas igual que las de los hijos/as, supone una desconexión con una misma.

La gran mayoría de personas que vienen a hacer sesiones de Reiki son mujeres. Y la gran mayoría vienen porque necesitan descansar. Necesitan un momento para ellas. Necesitan dejar de cargar las responsabilidades de los demás. Necesitan escucharse. Necesitan dejar de repetir patrones y necesitan reconectar con ellas mismas.

¡Qué privilegio tan espectacular ser mujer! Podemos gestar, podemos parir, podemos dar el pecho. Podemos atender las necesidades de nuestros hijos e hijas cuando aún no hablan y nadie más los entiende como nosotras. Estamos ahí incondicionalmente. De madre solo hay una. La actuación de una madre no deja nunca indiferente a los hijos/as. Cada uno actúa según lo que siente, el bagaje que lleva, lo que ha vivido en su casa durante la infancia – consciente e inconscientemente – y cada uno actúa como puede en este momento.

Así que, ¿por qué no empezamos a liberarnos de tanta culpa? ¿Por qué no empezamoms a saber de donde viene esta culpa?

¿Pro qué no empezamos por entender que las cosas se pueden hacer de otras maneras? ¿Por qué no empezamos a luchar por lo que es nuestro? ¿Por qué tenemos que demostrar más que los hombre nuestro potencial como trabajadoras? ¿Por qué tenemos que demostrar a todo el mundo que somos buenas madres? ¿Por qué no nos felicitamos a nosotras mismas? ¿Por qué no felicitamos a otras madres por el trabajo que hacen? ¿Por qué no nos motivamos entre nosotras y nos ayudamos? Con el privilegio que es ser mujer y la tendencia que tenemos a criticarnos por cualquier cosa relacionada con la maternidad. ¿Por qué no dejamos que cada uno haga lo que pueda y lo que quiera con sus hijos/as? ¿Por qué no sostenemos el agotamiento de las madres que sufren y que no tienen un entorno que las sostenga? Ninguna madre, absolutamente ninguna, debería de encontrarse en situación de burn out por no estar acompañada. Que la crianza es difícil e intensa ya lo sabemos pero que la podemos hacer más fácil y más respetuosa, también.

Laura Bernà