EDUCAR EN LA IGUALDAD

“Ni una menos”, “Ni una más”, “Basta ya”, “Nos queremos fuertes, libres y rebeldes” son lemas de diferentes campañas contra la violencia de género. Porque sí, basta ya. Estamos hartos y hartas de ver día tras día en las notícias el asesinato de mujeres en manos de hombres, solamente por el hecho de ser mujeres. Pero no nos equivoquemos, por favor. No nos equivoquemos porque la violencia de género no se vence saliendo a la calle ni haciendo campañas publicitarias. La violencia de género no se vence poniendo fotos de perfil ni lazos en las redes sociales. La violencia de género es estructural en esta sociedad patriarcal y los problemas estructurales solo se solucionan cuando se va directo a la raíz. Y la raíz del problema somos nosotros mismos. Los mismos que salimos a la calle a gritar que no queremos violencia de género somos los mismos que la provocamos porque convivimos con ella en nuestra casa sin saberlo, porque tenemos tanto patriarcado dentro que nos cuesta reconocerlo. Y si no, preguntaros: ¿qué les ha traído el Tió, Papá Noel o Los Reyes Magos a vuestros hijos e hijas? ¿Cuántos de estos juguetes se pueden considerar sexistas? Preguntaros: ¿cuántas veces habéis mirado un catálogo de juguetes? ¿Cuántas veces os habéis fijado en el hecho de que la gran mayoría de cosas para niños son azules, negras, grises, de acción y las de niñas son rosas, lilas, rojizas, y dedicadas al cuidado y la asistencia? ¿Cuántas campañas de Navidad de juguetes habéis visto donde salga un niño y no una niña anunciando una muñeca? ¡Yo solamente he visto uno y mira que hay anuncios! ¿Y cuántas veces habéis visto un anuncio de pistas de coches donde salgan niñas? Yo ninguno (aunque no dudo que haya alguno). ¿Cuántos anuncios de perfume apelan a la sexualidad y lujuria como reclamo? ¿Cuántos lo hacen a través de cuerpos de mujeres poco reales y semidesnudos? Pero, sobre todo, preguntaros: ¿cuántas veces os habéis fijado en esto mientras mirabais los anuncios? ¿Cuántas veces os han dolido los ojos de ver estos anuncios tan sexistas? Si no os han dolido, probablemente a vuestros hijos e hijas tampoco. Porque ellos/as aprenden de nosotros. Somos sus referentes y son críticos/a con lo que nosotros criticamos y adoran lo que nosotros adoramos. Porque cuando son pequeños todavía no tienen capacidad de discernir y es a través de esta integración que se reproducen los roles sociales. Y la violencia es solo la punta del iceberg de una serie de patrones sociales establecidos desde hace muchos años que nosotros reproducimos constantemente.

¿Por qué los chicos adolescentes con musculatura y actitud chulita ligan más que los demás? Porque nosotros, como sociedad, les otorgamos la categoría de macho de la misma manera que hemos otorgado la categoría de frikis a los que les encanta la informática, se pasan el día pendientes de los videojuegos o simplemente hacen lo que les gusta sin estar pendientes del qué dirán. Probablemente hay frikis muy sexis pero nadie se fija. ¿Por qué todas las chicas adolescentes quieren estar más delgadas de lo que están? Porque nosotros como sociedad nos hemos encargado de que desde bien pequeñas sepan cuál es el canon de belleza y qué debes hacer para gustar a los demás. No es necesario buscar culpables fuera de casa, en la familia siempre hay quien está a dieta para sentirse mejor, quien se alegra de haber perdido un par de quilos y quien hace algún comentario despectivo porque ha engordado. Y en general, acostumbramos a ser las propias mujeres. De la misma manera, siempre hay quien hace comentarios como: “debes ligar mucho siendo tan guapo/a” o “seguro que triunfas mucho entre las chicas de tu clase” o ya desde muy pequeños “debes estar muy bien cuidado con tantas niñas” y así podríamos seguir durante todo el día hablando de comentarios que fomentan la desigualdad entre niños y niñas y provocan que cada uno vaya adoptando el rol que más se ajuste a lo que cree que la sociedad espera de él o ella.

La solución está en nosotros y en las nuevas generaciones. La solución está en conscienciarse de la cantidad de cosas machistas que decimos y vemos todos cada día. Y en repudiar este tipo de conducta, la propia y la de los demás. Si un día, uno de mis hijos se dedica al marketing o a la publicidad desearé que sea capaz de realizar un anuncio donde no aparezca una mujer joven, sexy y semidesnuda como reclamo. Un día, cuando mis hijos tengan pareja, desearé que la traten con todo el respeto que se merece una persona, que tengan una relación sana, de igualdad, de equipo y de cooperación. Sin menosprecios, ni gritos ni insultos. Sin falta de respeto, ni control ni desconfianza. Pero no es suficiente con desearlo, si lo queremos lo debemos cultivar. Y para cultivarlo tenemos que preguntarnos: ¿qué relación ven en casa? ¿cómo es nuestra relación de pareja?

Una política de igualdad social que se pueda aplicar de verdad, amparando las víctimas y condenando los agresores/as y asesinos/as es necesaria para responder al problema actual. Pero ni lo soluciona ni lo frena. Solo da una respuesta puntual a la situación actual. La solución de la violencia de género pasa por todas las casas, pasa por educar desde la igualdad, des del respeto. Y esto significa que los niños y ninñas no solo deben verlo sino que deben vivirlo. La solución de la violencia de género está en nuestras manos.