EL EMBARAZO CONSCIENTE

Estar embarazada, a menudo es entendido solamente como una pequeña parte de lo que realmente significa. Quedarse embarazada no significa solamente que en un futuro próximo serás madre sino que también significa que durante unos meses tu cuerpo de mujer acogerá una vida en tu útero. Una vida que va a existir desde el primer momento en que se conciba y que, poco a poco, se va a ir creando, desarrollando y creciendo. Esto supone aceptarse y entenderse a una misma como mujer creadora, mujer que lleva una nueva vida, responsable de acoger una alma que llega. Nuestro cuerpo se convierte en el canal de otra persona para crecer, para alimentarse, para desarrollarse y también será el canal a través del cual va a nacer.

Por lo tanto, estar embarazada no es solamente que durante 9 meses te va a crecer la barriga porque tendrás un bebé sino que ya antes de la concepción el cuerpo se prepara, se adapta a la realidad de la nueva situación y acepta que es capaz de crear. Muchas veces no somos conscientes de la totalidad del embarazo. No somos conscientes que nuestro cuerpo energético acoge a otro cuerpo energético y que lo protege durante mucho tiempo. Tampoco somos conscientes del cansancio que esto puede suponer para una mujer, y aunque es necesario mantenerse activa, también debemos tener presente todas las necesidades físicas y emocionales que sentimos. Porque son necesidades reales. Desde el momento en que te quedas embarazada (¡y ya no te cuento si tienes otro niño!) todo el mundo opina sobre si la barriga es grande, pequeña, alta, baja, opinan sobres i te encuentras bien, mal, si tienes ardores o si tienes las piernas hinchadas. Incluso se hacen apuestas sobre el sexo del bebé, sobre la cantidad de pelo que tendrá o sobre si va a dormir bien o mal. Estamos tan acostumbrados a escuchar el mundo exterior que, a veces, puede ser difícil escucharnos a nosotras mismas. Durante el embarazo el cuerpo nos habla constantemente y es importante aprender a escucharlo porque somos nosotras las que estamos acogiendo una vida.

Y nos da igual si es niño o niña, si tiene pelo o no, si será grande o pequeño o si va a dormir bien o mal. Nos da igual porque hemos aceptado que esta alma sea la semilla que dejaremos al mundo. Por lo tanto, le amaremos incondicionalmente. Pero, antes, habremos aprendido a amarnos a nosotras mismas por encima de todas las cosas.

Laura Bernà