LA ROCA

Mi marido se ha roto el pie. Me queda un mes y una semana para salir de cuentas y tiene que tener el pie enyesado durante 3-4 semanas más. Para ser una persona muy activa, lo lleva bastante bien.

Mi hijo Marc tiene dos años y cuatro meses y, como todos los niños de esta edad, está intenso. Divertidísimo también pero intenso.

Mi hijo Guillem, que todavía no ha nacido, sigue creciendo y por las noches, empieza a apretar bastante. Empezamos a entrar en un punto tremendamente bonito de conexión, señal inequívoca, para mí, que gran parte de mi energía y atención debe empezar a focalizarse hacía él y hacia el parto que también se acerca.

Así que estoy de 35 semanas, con un marido que necesita reposo absoluto, un niño que no sabe qué es el reposo y un futuro recién nacido que empieza a pedir más atención. Arrancando La Casa Mare que, aunque no lo he enfocado nunca solamente como un negocio (más bien como un proyecto de vida), también requiere mucha energía y mucha dedicación.

Y hoy cumplo 30 años.

 

¿Y qué queréis que os diga? A pesar de las circunstancias, pienso que lo tengo todo. Tengo un hijo precioso que cada vez que lo mir pienso “¡qué suerte que esta responsabilidad sea para toda la vida!” y otro hijo en camino a quién ya tengo muchas ganas de conocer.

Tengo un marido que, aunque la paternidad supuso un reajuste vital importante, es una roca. Mi roca. Tengo un marido con un gran sentido del humor, con mucha capacidad para relativizar las situaciones difíciles y saber mirarlas con perspectiva, con capacidad de sacrificio y lucha si la causa lo merece y descubriéndose cada día como padre. Cuando nos conocimos no tenía ni idea de hacia dónde nos llevaría la vida pero hemos ido caminando, poco a poco, a veces evolucionando al mismo ritmo y otras no. Pero lo hemos hecho respetándonos, entendiéndonos y hemos conseguido crear una familia, que dentro de poco pasará de 3 a 4 miembros.

Ahora que está convaleciente, me doy cuenta de la importancia del equipo. De la importancia de ser 2 las cabezas de la familia. De convivir, de vivir, de tirar hacia delante cuando el otro no puede. Me doy cuenta de la figura del hombre delante de la maternidad y paternidad. Me doy cuenta que las mujeres tenemos una capacidad muy grande de organización y gestión pero los hombres tienen la capacidad de sostenernos, emocionalmente y también físicamente. Las mujeres tenemos la fortaleza interna y los hombre tienen la fortaleza externa. Y se complementan de manera perfecta Una vez, una persona a quien considero muy sabia, me explicó que los niños y niñas, hasta los 3 años son de la madre por una cuestión energética. Las mujeres tenemos la energía que nuestros hijos e hijas necesitan para poder desarrollarse a todos los niveles hasta los 3 años. Y es que hasta los 3 años los niños y niñas se desarrollan sobre todo a nivel interno, como la fuerza femenina. Establecen las bases sobre las que desarrollarán su carácter y su futura personalidad. Nos desarrollamos de dentro hacia fuera, el primer paso es entenderse como una persona independiente de la madre y el segundo paso supone la aparición del ego, hacia los 2 años.



A partir de los 3 años necesitan el padre para que les enseñe qué hay fuera, cómo funciona la sociedad, cómo se organiza y qué papel jugamos nosotros. El padre pasa a tener un papel mucho más activo en el juego y a través del juego hacen grandes aprendizajes.

En aquel momento me pareció machista pero ahora lo pienso y creo que realmente es así. Cada uno tiene su papel en la maternidad y paternidad y como más fácil nos sea de aceptar más felices viviremos. Uno de los grande retos después de ser padres es adaptarnos a los nuevos roles y entender cuál es el nuestro. El hecho de hacerlo sosteniéndonos el uno al otro es clave para poder tirar adelante como pareja y como familia. Sostenernos el uno al otro, para mí, significa conectar con uno mismo para saber cuáles son tus necesidades y escucharlas. Solamente así podrás sostener las necesidades del otro y podrás disfrutar de la maternidad y paternidad. Cuando no conectas contigo mismo/a, cuando no te escuchas y no entiendes qué necesitas podemos caer en peticiones excesivas o exigencias hacia el otro que, quizás, simplemente, no puede asumir.

Así pues, escuchémonos, aceptémonos y dejémonos acompañar por la roca que tenemos al lado.

A los hombres roca, que lo son precisamente porque adoptan su rol delante la paternidad y están presentes en la crianza de sus hijos/as igual que las madres, gracias. Gracias por permitir que el paradigma vaya evolucionando y cambiando. Gracias porque esto permitirá que nuestros hijos sean padres todavía mejores, que vivan la paternidad con responsabilidad, naturalidad, respeto y consciencia. Y sobre todo, gracias por sostenernos cuando más lo necesitamos; la crianza es cosa de dos. Si seguimos así, seguiremos evolucionando como sociedad. Gracias y a seguir que todavía nos queda mucho camino por recorrer.

A mi hombre roca, gracias por este camino recorrido y espero que los próximos 30 podamos seguir creciendo juntos, como familia y como pareja.