EXPLOTAR DE AMOR

A dos meses de parir me siento así, ¡a punto de explotar de amor!

Cuando me quedé embarazada tenia una sensación contradictoria. Estaba muy contenta de volver a albergar una vida pero a la vez me sabía mal por mi hijo: lo veía pequeño todavía, dependiente, vulnerable y pensaba que a partir de este momento, por el hecho de centrarme más en mí y en el embarazo provocaría que no pudiera estar tanto por él.

¿Qué pasaría con la lactancia embarazada y dando el pecho al mayor? ¿Cómo se lo tomaría él con menos de dos años? ¿Entendería alguna cosa? ¿Cómo será él con dos años y medio como hermano mayor? ¿Aceptará la situación? ¿Seguimos con el colecho o lo pasamos a su habitación? ¿Cómo haremos frente a los comentarios que ya empezamos a escuchar relacionados con: “ahora tú eres el mayor y tienes que cuidar a tu hermano”.

Pues parece que la realidad es mucho más fácil. La realidad es que todas estas preguntas todavía no tienen respuesta porque el pequeño todavía no ha nacido. No tienen respuesta porque responderlas significa anticiparnos a una situación que todavía no existe. Y no tienen respuesta porque poco a poco y sobre la marcha, las vamos a ir respondiendo. Lo haremos con paciencia, aceptando la situación, entendiendo que los dos son pequeños y que, por lo tanto, los dos nos van a necesitar. Entendiendo que el postparto puede ser duro, removido pero que el instinto de madre todo lo puede. Lo haremos como nos salga, ni mejor ni pero y, sobre todo, intentaremos hacerlo sin exigencias, entendiendo que no llegamos a todo porque somos padres y madres pero somos humanos. Probablemente, al principio, echaremos un poco de menos al mayor igual que él nos echará de menos a nosotros. Pero encontraremos momentos necesarios para cubrir esta añoranza. Y solo si lo vivimos desde la máxima naturalidad y aceptando lo que venga, lo viviremos bien.

Desde que me quedé embarazada hasta ahora, he hecho grandes aprendizajes en este embarazo. Al contrario que con el primero, me he centrado en mí, en escucharme constantemente, he vuelto a centrarme en mis necesidades, sin dejar de lado las de mi hijo. Pero en estos últimos dos años había tenido más en cuenta las suyas que las mías. Y debemos encontrar el equilibrio. Si nosotras estamos en equilibrio, nuestros hijos/as también. Somos un reflejo constante y un referente en todo momento. Y es solo hora que me tengo en cuenta y me miro que puedo explotar de amor.

Laura Bernà