SI TU ESTÁS BIEN, YO TAMBIÉN

¡Qué cambio vital tan increíble cuando tienes un hijo! Y no me refiero solamente a los cambios adaptativos que supone pasar de ser pareja a ser familia. ¡Qué cambio de mentalidad!. Hay estudios que indican que el cerebro de las mujeres se modifica durante los 2 primeros años de vida del hijo/a para poder atender sus necesidades ya que somos la única especie animal que no nace autónoma. Probablemente por esto, las mujeres escuchamos a los hijos/as cuando se despiertan por la noche incluso antes de que empiece el llanto o estamos conectadas con ellos/as hasta el punto de saber qué necesitan en cada momento cuando todavía no son capaces de expresarlo.

Pero no es solamente esto lo que cambia, hay un cambio que considero que todavía es más sustancial: la necesidad de que tus hijos/a estén siempre bien. Siempre.

Cuando te conviertes en madre o padre entiendes que desde este momento vas a sufrir por otra persona. Quizás alguien ya se sienta así antes pero en mi caso siempre había sido muy poco sufridora y he asumido que la vida tiene ciertos riesgos y que es importante no dejarnos llevar por el miedo para poder evolucionar. Pero tienes un hijo/a y todo cambia. De repente, los riesgos se hacen más evidentes, también aparece – a veces inconscientemente- la necesidad de controlar su entorno para que no sufra. No me malinterpretéis, no es que sea necesario controlarlos, pienso que debemos fomentar su autonomía a través, entre otras cosas, de mostrarlos nuestra confianza. Pero interiormente, siempre tienes aquel “ay”. “Ay” por la primera separación. ¿Estará bien? ¿Tendrá angustia? “Ay” cuando empieza la guardería. ¿Se sentirá a gusto con los otros niños/a? ¿Se integrará? ¿Qué rol adoptará? Si, ya sé que son muy pequeños en la guardería pero para mí, los roles que adquieren los niños y niñas en los distintos ámbitos, dicen mucho de ellos/a, de su seguridad, de su futura personalidad. “Ay” cuando después de un curso escolar cambia de tutora. Ahora que ya estaba adaptado y tenía devoción por ella. “Ay” por cualquier cambio que pueda hacer que se tambalee o que suponga tener que adquirir nuevas herramientas adaptativa. “Ay” porque un día crecerá y será más autónomo. Y esto que viviremos desde la total alegría porque será un hito más logrado, también lo viviremos desde la melancolía que supone cerrar etapas.

Pero la vida funciona así, cerramos etapas y abrimos de nuevas. Funciona así para todo el mundo, para nosotros y para los hijos/a. La manera como lo vivamos y como lo entendamos nosotros también será una guía para ellos/a. Si lo vivimos desde el miedo y la pena, lo transmitimos. Entenderlo como un proceso natural, como una manera más de seguir avanzando, aprendiendo y evolucionando servirá para que nuestros hijos e hijas vivan sin tantos miedos.

Pero lo que está claro, una vez eres padre o madre, es que por más lleno que te sientas a nivel personal o profesional, si tu hijo/a está bien, tu también. Pues aprovechemos y disfrutemos.

Laura Bernà